Sábado, 12 de noviembre.
Salimos a las 15 horas en un vuelo de Qatar Airways con destino a Doha. El avión es muy moderno y el servicio estupendo, con razón ha sido elegida mejor aerolínea del año. Nos sirvieron whisky y brandy durante el vuelo así que se hizo muy llevadero. Aterrizamos en Doha a las 12 de la noche y atravesamos en bus el enorme aeropuerto para hacer el transfer urgente a Colombo. El nuevo avión es más pequeño y antiguo ya apenas somos españoles en el pasaje.
Avanzamos hacia el sol, apenas podemos dormir porque amanece muy pronto. Aterrizamos a las 8 de la mañana de un día radiante de sol y calor tropical.
Domingo, 13.
El aeropuerto de Bandaranaike es moderno, se ve que el país es diferente a la India, mas adelantado, limpio y ordenado. Los trámites de la llegada son rapidísimos, solo nos entretenemos en cambiar euros, a 147 rupias por 1 euro.
Salimos del aeropuerto a tomar un tuktuk hasta la playa de Negombo, a 20 minutos de trayecto. La impresión primera no es muy atrayente, el hotel Topaz Beach es viejo y deprimente, la zona es fea y destartalada y la playa tampoco invita al baño, la piscina del hotel menos aún. Pasamos la mañana en la habitación recuperando sueño y a cubierto del terrible calor, a la caída de la tarde salimos a conocer la zona y tomar nuestras primeras Lions, ligeras y sabrosas cervezas locales de 650 ml., que nos alimentarán a lo largo de todo el viaje.
Para aliviar un poco el encontronazo con Asia, decidimos darnos el gusto de ir a cenar al Jetwing Blue, hotel de lujo de la cadena del mismo nombre. Cenamos en el club de playa, velas y camareros alrededor, un exótico menú degustación por 16 euros: ensalada tibia de papaya a la plancha, crema de vegetales, brocheta de cordero, timbal de atún con gambones, pastel de mango con virutas de chocolate. La comida sinhalesa se presenta muy bien.
Lunes 14
Nos levantamos a las seis de la mañana y salimos corriendo sin desayunar en un tuktuk a la estación de autobuses, unas calles antes de llegar vemos el autobús a Kandy, el conductor del tuktuk nos para el autobús y nos subimos rápidamente, resulta que es el bus normal destartalado sin aire acondicionado y lleno de gente, va parando en todos los pueblos, tarda unas cuatro horas en hacer 115 kilómetros atravesamos las llanuras interiores del país, paisajes muy verdes con bosques de cocoteros, campos de arroz, lagunas y muchos pueblos, suben continuamente al autobús vendedores de comida y otras cosas, las puertas van abiertas para dejar entrar el frescor del aire.
Llegamos a la caótica parada de autobuses de Kandy y enseguida cogemos un tuktuk hacia el hotel Kandy View que esta al otro lado de la ciudad. El establecimiento es mas agradable que el de Negombo y eso que cuesta la mitad de precio unos 21 euros la noche con desayuno, nos dan una habitación en el último piso cuya dos paredes laterales están acristaladas completamente por lo que teníamos unas vistas excelentes a las montañas, incluso estando tumbados en la cama. Ya vamos notando la proverbial amabilidad de los cingaleses, el dueño nos aconseja y ofrece ayuda pero sin ninguna presión, aceptamos el ofrecimiento de acoplarnos con una pareja rusa para el viaje a Sigiriya compartiendo un coche.
Resuelto el transporte de la próxima etapa nos dedicamos a recorrer Kandy tranquilamente, paseamos por el lago, el templo del Diente de Buda, las animadas calles del centro donde hay un moderno y fresquísimo centro comercial. Un paseante nos indica hablando “español” donde esta el mercado diciendo: “maragato” “maragato”, pensamos que bien nos sentaría ahora un cocido maragato pero me temo que no se refería a esto. Comimos en la fría atmósfera de un Pizza Hut y luego nos retiramos a descansar al hotel, por la tarde otro relajante paseo y cervecita Lion en el clásico Queens Hotel, cena en el hotel y a la cama pronto.
Martes 15
Mañana en los jardines de Peradeniya. Un maravilloso jardín botánico, joya del mundo vegetal: árboles gigantes, flores inimaginables, bandadas de murciélagos y muchísimas parejas haciendo manitas tras los arbustos. Estuvimos unas 3 horas Hasta que el calor asfixiante nos lleva de vuelta al hotel. Por la tarde fuimos a ver un espectáculo folclórico, bailes de máscaras en el Centro de Artesanías, al lado del templo.

Miércoles 16
Salimos con la pareja rusa en una furgoneta hacia Dambulla, sobre las 8 de la mañana, 60 kilómetros en dirección norte, con intención de visitar el Templo de las Cuevas, una de las principales atracciones de Sri Lanka.
Las afueras de Kandy son bastante feas, pero luego va desapareciendo el bullicio y el campo se vuelve muy tranquilo, mucha selva, salpicada de arrozales. Atravesamos Matale sin parar y llegamos al templo de Dambulla a media mañana.

¡Hala!, a subir escaleras; parece que todos los templos de Sri Lanka están protegidos por unas escaleras imponentes. Aquí se parte de un templo nuevo, muy hortera. construido con fondos japoneses y, después de subir un buen rato, se alcanzan los Templos de la Cuevas. Son cinco cuevas embutidas en la roca, los interiores son sobrecogedores, las numerosas estatuas de Buda parecen recobrar vida a la luz de la semipenumbra. Por supuesto que tenemos que recorrer el recinto descalzos, menos mal que el suelo de la cueva está fresco.
Después de la visita, de una hora y media, continuamos hasta llegar al pie de la roca de Sigiriya, y allí dejamos a los de Moscú, dispuestos a subir los cinco mil escalones, bajo el tórrido sol del mediodía Singalés.
El chofer nos lleva al Lakmini Guest House, de la que teníamos buenas referencias por internet. El dueño, señor Chandry, es amabilísimo, pero la casa es la peor de las que estuvimos en Sri Lanka. De todos modos nos quedamos, por si acaso no encontrábamos nada mejor. La atracción principal de la guest house es un chamizo construido en lo alto de un árbol con una buena vista de la Roca; como están haciendo obras, el jardín esta lleno de escombros y deshechos. Míster Chandry se empeñaría en servirnos toda la comida allí arriba, a lo que nos negamos radicalmente. Una vez instalados, el chofer nos llevo a comer al mejor restaurante de Sigiriya, un sitio de cierta categoría al pie de la Roca la cuenta fue ridícula, unos siete euros por persona incluyendo la cerveza muy fría, cosa difícil de conseguir, a no ser en buenos establecimientos.
Después de descansar entre las sospechosas sábanas del alojamiento de míster Chandry nos dimos una vuelta por los campos aledaños hasta llegar a un precioso lago cubiertos con lotos, los campesinos se aseaban después de acabar sus labores en esta agua supuestamente llena de animales. Nosotros no nos atreveríamos a meter ni un solo dedo.
Cansados del paseo, aceptamos la sugerencia de Lal, el chico del tuktuk de la casa, de darnos un masaje ayurvédico, una técnica muy extendida en Sri Lanka, nos llevó por carreterillas en el interior de la selva hasta llegar al supuestamente mejor centro ayurvédico de la comarca, que era una simple cabaña en penumbra, el manager doctor se asemejaba mas a un encargado de club de alterne, que a un médico de confianza. Nos animamos al ver salir a un matrimonio alemán de edad avanzada, y después de mucho regateo, contratamos un masaje completo de una hora por trece euros cada uno; el masaje fue una de las mejores experiencias del viaje.
Esa noche cenamos el omnipresente rice and curry, preparado por la señora de Chandri, comida muy, muy popular. Después a la cama, la primera con mosquitera, y parece que funcionó a la perfección.
Jueves,17. La Roca del León
A las 8 de la mañana estamos en las taquillas de entrada al recinto. Compramos dos “Rounds Tickets” por 38 euros cada uno, para usarlos aquí y en Polonnaruwa. El precio es escandaloso, pero es lo que hay que pagar, si se quiere visitar lo más sobresaliente de la herencia arqueológica del país.
La parte baja del recinto son ruinas de los jardines palaciegos, restos de piscinas y estanques. Al pie de la Roca comienza una subida interminable de escalones tallados en la piedra hasta alcanzar la oquedades donde están pintadas las doncellas de Sirigiya, se cree que son las concubinas reales, los frescos están muy bien conservados. La siguiente parada es la Pawns Gate o Puerta de las Garras, es la entrada al recinto de la cima de la Roca: originalmente era la figura de un león tallado en la mole rocosa, la puerta eran las fauces. Ya afrontamos el tramo final de las escaleras. La cima era un lugar de asueto real más que palacio o fortaleza, las vistas desde aquí abarcan una gran extensión de selva del Parque Nacional de Minneriya, colinas, lagos, templos sobresaliendo del manto boscoso. Hemos empleado una hora y media en la subida, lenta subida debido al calor. Bajamos más rapidito pero con cuidado por los carteles de “Silence,hornets attacks”.
Nos espera Lal para llevarnos al elephant safari. Nos enseñan a Wanda, un enorme paquidermo con la piel moteada de rosa, que va a ser nuestro transporte. Desechamos la opción de montar “natural way”, o sea, a pelo y les hacemos montar una gran cesta en el lomo del animal, donde nos acomodamos nosotros dos y tres italianos más. Durante una hora nos lleva por los del pueblo, incluso se mete en un lago hasta las rodillas. El recorrido es divertido pero, al cabo de un rato, el trasero se resiente por el traqueteo. Flanqueando al elefante va el guía, el cuidador, y un chico haciendo fotos con nuestras cámaras.
La excursión está bien para los 14 euros cada uno, más la propina a los chicos.
Después de una refrescante ducha en la guest house, salimos en el tuk tuk de Lal, que tiene unos asientos mullidísimos, hacia Polonnaruwa, una hora de trayecto. Aquí nos despedimos del servicial Lal, después de dejarnos instalados en el Siyanco Tourist Resort. Este hotel, de propiedad china, es moderno, limpio y confortable, la atención del personal es muy formal.
Por la tarde paseamos por la orilla del gran lago de la ciudad y contratamos con Mr. Badulla, un amigo de Lal, ( pues nos van pasando de uno a otro), unas bicis para mañana, todo el día de alquiler por 1 euro, y un taxi para volver a Kandy por 45€.
Comemos y cenamos en el hotel, pues no vimos otros sitios más adecuados. Charlamos con el jefe de camareros y nos cuenta que gana unos 140€ al mes y que la vida está muy cara últimamente; nos pregunta por nuestra vida, trabajo y sueldos y la verdad es que da reparo hablarle de los sueldos en Europa.
Viernes,18. “Templos,templos y más templos…”
A las ocho, con la fresca, montamos en las bicis y nos vamos para el recinto arqueológico de Polonnaruwa. Es una gran extensión de jungla salpicada por templos, monasterios y palacios.Vamos de unos a otros por senderos llanos y sombreados por donde enfilamos las cómodas bicicletas. En algunos recintos hay que descalzarse y en otros no es necesario al estar abandonados al culto. Pasamos una buena mañana sin apenas cansarnos, terminamos entrando al museo arqueológico, más que nada para respirar un rato el aire acondicionado.
Por la tarde recorrimos las orillas del lago en bici también. De pronto, nos cayó una buena tromba de agua y tuvimos que refugiarnos en un tenderete, charlamos un rato con los clientes con el tema de siempre:… Spain,good country, champions of the world! Nos fió una botella de agua porque no teníamos suelto y se la pagamos a la vuelta del hotel Sudu Araliya, donde paramos a tomar unas lions.
Sábado,19. “El Tren de las Colinas del Té”
Día completo de viaje.Salimos a las nueve de Polonnaruwa en el taxi y no paramos hasta Peradeniya, cerca de Kandy, de donde sale el tren para las tierras altas. Compramos dos billetes de 1ª en el “vagón observatorio” por 4 euros cada uno. El coche de “lujo” es de risa, claro que comparado con la 2ª sí que hay gran diferencia. Lo bueno es que tiene grandes ventanillas, la parte trasera es todo un gran panel de cristal, ventiladores en el techo, y mullidos asientos a los que no les han cambiado la tapicería desde que los construyeron. Estamos contentos instalados comodamente para lo que será un agradable trayecto.
El tren avanza lentamente entre un paisaje sorprendente y cambiante, de la jungla y arrozales de la llanura baja pasamos a las colinas de campos de té, bosques de coníferas, riachuelos y cascadas. Entran vendedores en el vagón ofreciendo té, café, pasteles de carne y pescado, fruta y dulces, compramos dos naranjas y el amable vendedor nos las da ya peladas y todo.
Llegamos sobre las cuatro de la tarde a Nanu Oya y tomamos un taxi para subirnos a Nuwara Eliya, a unos 10 km montaña arriba.El taxista nos recomienda el Hotel Trevene.








































































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