Posteado por: Norberto | 11 noviembre 2011

Sri Lanka

Aquí están todas las fotos del viaje:

Sri Lanka
http://maps.google.es/maps/ms?msa=0&msid=209972829139916023561.0004af66ce176048d9050&hl=es&ie=UTF8&t=m&ll=7.547656,80.606689&spn=3.811209,4.669189&z=7&output=embed
Ver Sri Lanka en un mapa más grande

 

Sábado, 12 de noviembre.“Rumbo a Oriente”

Salimos a las 15 horas en un vuelo de Qatar Airways con destino a Doha. El avión es muy moderno y el servicio estupendo, con razón ha sido elegida mejor aerolínea del año. Nos sirvieron whisky y brandy durante el vuelo así que se hizo muy llevadero. Aterrizamos en Doha a las 12 de la noche y atravesamos en bus el enorme aeropuerto para hacer el transfer urgente a Colombo. El nuevo avión es más pequeño y antiguo ya apenas somos españoles en el pasaje.

Avanzamos hacia el sol, apenas podemos dormir porque amanece muy pronto. Aterrizamos a las 8 de la mañana de un día radiante de sol y calor tropical.

Domingo, 13.“Descanso en Negombo”

El aeropuerto de Bandaranaike es moderno, se ve que el país es diferente a la India, mas adelantado, limpio y ordenado. Los trámites de la llegada son rapidísimos, solo nos entretenemos en cambiar euros, a 147 rupias por 1 euro.

Salimos del aeropuerto a tomar un tuktuk hasta la playa de Negombo, a 20 minutos de trayecto. La impresión primera no es muy atrayente, el hotel Topaz Beach es viejo y deprimente, la zona es fea y destartalada y la playa tampoco invita al baño, la piscina del hotel menos aún. Pasamos la mañana en la habitación recuperando sueño y a cubierto del terrible calor, a la caída de la tarde salimos a conocer la zona y tomar nuestras primeras Lions,  ligeras y sabrosas cervezas locales de 650 ml.,  que nos alimentarán a lo largo de todo el viaje.

Para aliviar un poco el encontronazo con Asia, decidimos darnos el gusto de ir a cenar al Jetwing Blue, hotel de lujo de la cadena del mismo nombre. Cenamos en el club de playa, velas y camareros alrededor, un exótico menú degustación por 16 euros: ensalada tibia de papaya a la plancha, crema de vegetales, brocheta de cordero, timbal de atún con gambones, pastel de mango con virutas de chocolate. La comida sinhalesa se presenta muy bien.

Lunes 14.“En el corazón de Sri Lanka”

Nos levantamos a las seis de la mañana y salimos corriendo sin desayunar en un tuktuk a la estación de autobuses, unas calles antes de llegar vemos el autobús a Kandy, el conductor del tuktuk nos para el autobús y nos subimos rápidamente, resulta que es el bus normal destartalado sin aire acondicionado y lleno de gente, va parando en todos los pueblos, tarda unas cuatro horas en hacer 115 kilómetros atravesamos las llanuras interiores del país, paisajes muy verdes con bosques de cocoteros, campos de arroz, lagunas y muchos pueblos, suben continuamente al autobús vendedores de comida y otras cosas, las puertas van abiertas para dejar entrar el frescor del aire.

Llegamos a la caótica parada de autobuses de Kandy y enseguida cogemos un tuktuk hacia el hotel Kandy View que esta al otro lado de la ciudad. El establecimiento es mas agradable que el de Negombo y eso que cuesta la mitad de precio unos 21 euros la noche con desayuno, nos dan una habitación en el último piso cuya dos paredes laterales están acristaladas completamente por lo que teníamos unas vistas excelentes a las montañas, incluso estando tumbados en la cama. Ya vamos notando la proverbial amabilidad de los cingaleses, el dueño nos aconseja y ofrece ayuda pero sin ninguna presión, aceptamos el ofrecimiento de acoplarnos con una pareja rusa para el viaje a Sigiriya compartiendo un coche.

Resuelto el transporte de la próxima etapa nos dedicamos a recorrer Kandy tranquilamente, paseamos por el lago, el templo del Diente de Buda, las animadas calles del centro donde hay un moderno y fresquísimo centro comercial. Un paseante nos indica hablando “español” donde esta el mercado diciendo: “maragato” “maragato”, pensamos que bien nos sentaría ahora un cocido maragato pero me temo que no se refería a esto. Comimos en la fría atmósfera de un Pizza Hut y luego nos retiramos a descansar al hotel, por la tarde otro relajante paseo y cervecita Lion en el clásico Queens Hotel, cena en el hotel y a la cama pronto.

Martes 15.“Jardines del Edén”

Mañana en los jardines de Peradeniya. Un maravilloso jardín botánico, joya del mundo vegetal: árboles gigantes, flores inimaginables, bandadas de murciélagos y muchísimas parejas haciendo manitas tras los arbustos. Estuvimos unas 3 horas Hasta que el calor asfixiante nos lleva de vuelta al hotel. Por la tarde fuimos a ver un espectáculo folclórico, bailes de máscaras en el Centro de Artesanías, al lado del templo.

Miércoles 16.“Rumbo a los Antiguos Reinos”

Salimos con la pareja rusa en una furgoneta hacia Dambulla, sobre las 8 de la mañana, 60 kilómetros en dirección norte, con intención de visitar el Templo de las Cuevas, una de las principales atracciones de Sri Lanka.
Las afueras de Kandy son bastante feas, pero luego va desapareciendo el bullicio y el campo se vuelve muy tranquilo, mucha selva, salpicada de arrozales. Atravesamos Matale sin parar y llegamos al templo de Dambulla a media mañana.


¡Hala!, a subir escaleras; parece que todos los templos de Sri Lanka están protegidos por unas escaleras imponentes. Aquí se parte de un templo nuevo, muy estridente. construido con fondos japoneses y, después de subir un buen rato, se alcanzan los Templos de la Cuevas. Son cinco cuevas embutidas en la roca, los interiores son sobrecogedores, las numerosas estatuas de Buda parecen recobrar vida a la luz de la semipenumbra. Por supuesto que tenemos que recorrer el recinto descalzos, menos mal que el suelo de la cueva está fresco.
Después de la visita, de una hora y media, continuamos hasta llegar al pie de la roca de Sigiriya, y allí dejamos a los de Moscú, dispuestos a subir los cinco mil escalones, bajo el tórrido sol del mediodía Singalés.
El chofer nos lleva al Lakmini Guest House, de la que teníamos buenas referencias por internet. El dueño, señor Chandry, es amabilísimo, pero la casa es la peor de las que estuvimos en Sri Lanka. De todos modos nos quedamos, por si acaso no encontrábamos nada mejor. La atracción principal de la guest house es un chamizo construido en lo alto de un árbol con una buena vista de la Roca; como están haciendo obras, el jardín esta lleno de escombros y deshechos. Míster Chandry se empeñaría en servirnos toda la comida allí arriba, a lo que nos negamos radicalmente. Una vez instalados, el chofer nos llevo a comer al mejor restaurante de Sigiriya, un sitio de cierta categoría al pie de la Roca la cuenta fue ridícula, unos siete euros por persona incluyendo la cerveza muy fría, cosa difícil de conseguir, a no ser en buenos establecimientos.
Después de descansar entre las sospechosas sábanas del alojamiento de míster Chandry nos dimos una vuelta por los campos aledaños hasta llegar a un precioso lago cubiertos con lotos, los campesinos se aseaban después de acabar sus labores en esta agua supuestamente llena de animales. Nosotros no nos atreveríamos a meter ni un solo dedo.
Cansados del paseo, aceptamos la sugerencia de Lal, el chico del tuktuk de la casa, de darnos un masaje ayurvédico, una técnica muy extendida en Sri Lanka, nos llevó por carreterillas en el interior de la selva hasta llegar al supuestamente mejor centro ayurvédico de la comarca, que era una simple cabaña en penumbra, el manager doctor se asemejaba mas a un encargado de  club  de alterne, que a un médico de confianza. Nos animamos al ver salir a un matrimonio alemán de edad avanzada, y después de mucho regateo, contratamos un masaje completo de una hora por trece euros cada uno; el masaje fue una de las mejores experiencias del viaje.
Esa noche cenamos el omnipresente rice and curry, preparado por la señora de Chandri, comida muy, muy popular. Después a la cama, la primera con mosquitera, y parece que funcionó a la perfección.

Jueves,17. “La Roca del León”

A las 8 de la mañana estamos en las taquillas de entrada al recinto. Compramos dos “Rounds Tickets” por 38 euros cada uno, para usarlos aquí y en Polonnaruwa. El precio es escandaloso, pero es lo que hay que pagar,  si se quiere visitar lo más sobresaliente de la herencia arqueológica del país.

La parte baja del recinto son ruinas de los jardines palaciegos, restos de piscinas y estanques. Al pie de la Roca comienza una subida interminable de escalones tallados en la piedra hasta alcanzar la oquedades donde están pintadas las doncellas de Sirigiya, se cree que son las concubinas reales, los frescos están muy bien conservados. La siguiente parada es la Pawns Gate o Puerta de las Garras, es la entrada al recinto de la cima de la Roca: originalmente era la figura de un león tallado en la mole rocosa, la puerta eran las fauces. Ya afrontamos el tramo final de las escaleras. La cima era un lugar de asueto real más que palacio o fortaleza, las vistas desde aquí abarcan una gran extensión de selva del Parque Nacional de Minneriya, colinas, lagos, templos sobresaliendo del manto boscoso. Hemos empleado una hora y media en la subida, lenta subida debido al calor. Bajamos más rapidito pero con cuidado por los carteles de  “Silence,hornets attacks”.

Nos espera Lal para llevarnos al elephant safari. Nos enseñan a Wanda, un enorme paquidermo con la piel moteada de rosa, que va a ser nuestro transporte. Desechamos la opción de montar “natural way”, o sea, a pelo, y les hacemos instalar  una gran cesta en el lomo del animal, donde nos acomodamos nosotros dos y tres italianos más. Durante una hora nos lleva por los alrededores del pueblo, incluso se mete en un lago hasta las rodillas. El recorrido es divertido pero, al cabo de un rato, el trasero se resiente por el traqueteo. Flanqueando al elefante va el guía, el cuidador,  y un chico haciendo fotos con nuestras cámaras.

La excursión está bien para los 14 euros cada uno, más la propina a los chicos.

Después de una refrescante ducha en la guest house, salimos en el tuk tuk de Lal, que tiene unos asientos mullidísimos, hacia Polonnaruwa, una hora de trayecto. Aquí nos despedimos del servicial Lal, después de dejarnos instalados en el Siyanco Tourist Resort. Este hotel, de propiedad china, es moderno, limpio y confortable, la atención del personal es muy formal.

Por la tarde paseamos por la orilla del gran lago de la ciudad y contratamos con Mr. Badulla,  un amigo de Lal, ( pues nos van pasando de uno a otro), unas bicis para mañana, todo el día de alquiler por 1 euro,  y un taxi para volver a Kandy por 45€.

Comemos y cenamos en el hotel, pues no vimos otros sitios más adecuados. Charlamos con el jefe de camareros y nos cuenta que gana unos 140€ al mes y que la vida está muy cara últimamente; nos pregunta por nuestra vida, trabajo y sueldos y la verdad es que da reparo hablarle de los sueldos en Europa.

Viernes,18. “Templos,templos y más templos…”

A las ocho, con la fresca, montamos en las bicis y nos vamos para el recinto arqueológico de Polonnaruwa. Es una gran extensión de jungla salpicada por templos, monasterios y palacios.Vamos de unos a otros por senderos llanos y sombreados por donde enfilamos las cómodas bicicletas. En algunos recintos hay que descalzarse y en otros no es necesario al estar abandonados al culto. Pasamos una buena mañana sin apenas cansarnos, terminamos entrando al museo arqueológico, más que nada para respirar un rato el aire acondicionado.

Por la tarde recorrimos las orillas del lago en bici también. De pronto, nos cayó una buena tromba de agua y tuvimos que refugiarnos en un tenderete, charlamos un rato con los clientes con el tema de siempre:… Spain,good country, champions of the world! Nos fió una botella de agua porque no teníamos suelto y se la pagamos a la vuelta del hotel Sudu Araliya, donde paramos a tomar unas lions.

Sábado,19. “El Tren de las Colinas del Té”

Día completo de viaje.Salimos a las nueve de Polonnaruwa en el taxi y no paramos hasta Peradeniya, cerca de Kandy, de donde sale el tren para las tierras altas. Compramos dos billetes de 1ª en el “vagón observatorio” por 4 euros cada uno. El coche de “lujo” es de risa, claro que comparado con la 2ª sí que hay gran diferencia. Lo bueno es que tiene grandes ventanillas,  la parte trasera es todo un gran panel de cristal, ventiladores en el techo, y mullidos asientos a los que no les han cambiado la tapicería desde que los construyeron. Estamos contentos instalados comodamente para lo que será un agradable trayecto.

El tren avanza lentamente entre un paisaje sorprendente y cambiante, de la jungla  y arrozales de la llanura baja pasamos a las colinas de campos de té, bosques de coníferas, riachuelos y cascadas. Entran vendedores en el vagón ofreciendo té, café, pasteles de carne y pescado, fruta y dulces, compramos dos naranjas y el amable vendedor nos las da ya peladas y todo.

Llegamos sobre las cuatro de la tarde a Nanu Oya y tomamos un taxi para subirnos a Nuwara Eliya, a unos 10 km montaña arriba.El taxista nos recomienda el Hotel Trevene, antigua residencia del governador inglés,es un cottage trasladado al trópicoel interior está algo abandonado, es como si no lo hubieran tocado desde los tiempos de la colonia, las habitaciones son frías pero tienen grandes camas con mantas y el agua de la ducha sale hirviendo,lo que se agradece pues se nota un frío húmedo desagradable.

La ciudad nos gusta, es limpia y ordenada, hay muchos jardines con plantas semejantes a las de nuestro continente; abundan las hortensias.

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Nos vamos a cenar al restaurante indio del Grand Hotel, gran servicio y estupenda comida a precio irrisorio.

Hoy dormimos con un par de mantas…¡qué gusto!

Domingo,20 de noviembre. “¿Acaso estamos en Inglaterra?

Amanece lloviendo en Nuwara Eliya. Después de un gran desayuno, nos pertrechamos de botas y chubasqueros y nos vamos a un trekking a la Colina del Arbol Solitario, nombre curioso para un lugar con miles de árboles. Son noventa minutos de caminata atravesando los campos de té de Pedro Tea Estate, hasta internaarnos en los bosques de la colina. Encontramos algunos campesinos recogiendo leña en su día libre. Al estar nublado no nos pusimos gorra y fué un gran error pues acabamos con la cara quemada. A la vuelta a la ciudad nos metimos a tomar una Lion en uno de los dos bares con licencia de alcohol de la ciudad,había un peculiar ambiente en este reducto de fumadores y borrachines. Después nos metimos en The Hill Club, un elitista club de golf a semejanza de los ingleses.

Por la tarde, una vuelta por el mercado y los puestos callejeros, venden ropa  de abrigo de NorthFace, Columbia…a precios de mercadillo. Como empieza a llover fuerte decidimos comprar una botella de Arrack, un licor muy popular, para pasar la velada calentitos en el hotel.

Lunes, 21 de noviembre. ” Agradable y pequeña Ella”

Hemos llegado a las 4 de la tarde a este  recoleto pueblecito entre montañas, situado a 1000 de altitud y por tanto con una agradable temperatura. Atras quedó el frío húmedo de Nuwara Eliya.

El trayecto en tren es, si cabe, más increíble que el anterior, bosques húmedos mas densos,cascadas, más campos de té, nieblas intensas que desaparecen a llegar al Ella.

La mañana en Nuvara Eliya fue terriblemente lluviosa y no pudimos salir del hotel hasta que vino el taxi para acercarnos a la estación de Nanu Oya. En la taquilla solo expedían billetes de 2ª por lo que era necesario comprar el suplemento de observatory car ya dentro del tren. Cuando subimos al compartimento de 2ª, pagamos con gusto el acceso a nuestro “confortable” vagón de 1ª porque la segunda clase es bastante dura para nuestro fino olfato europeo.

En la estación de Ella nos esperaba un tuk tuk para llevarnos al hotel reservado por medio de la dueña del Trevene: el Altavista, situado a 200 m. de la estación, nos sorprendió gratamente, es un limpio y moderno hotel del que fuimos ls únicos clientes esa noche, nos explicaron que la temporada turistica empieza en Ella entrado diciembre, la época más seca. Después de liberarnos de la roña del tren con una buena ducha, nos fuimos de marcha al Little Adam´s Peak, una cima con grandes vistas sobre el llano del sur de la isla y de Ellas´s Rock, una enorme peña de pareces rocosas  de más de 1000 m. que flanquea el valle. ¡Espectacular! Nos encontramos en el pico a una chica belga  muy guapa, haciendo fotos, que viajaba sola por Sri Lanka.

Esta noche pudimos elegir entre varios restaurantes muy coquetos que hay en el pueblecito, tomamos una sopa de cebolla, (lo mejor de la comida singalesa para nosotros, son las sopas, una explosión de sabores , las tomamos de todo tipo y en todos lados) y una finísima pizza vegetariana. Yo bebí, para probar, una típica cerveza de gengibre muy picante.

Dormimos profundamente, eso sí, en compañía de las salamandras que se pegaban a las paredes de la habitación, que no por ser un hotel moderno, va a estar aislado de la vida natural a la naturaleza.

Martes, 22 de noviembre. ”Sleepy Mirissa”.

Salimos puntuales a las nueve de la mañana en una grande van que,  por 9500 rupias,60 euros, nos llevará de Ella a Mirissa. Bajamos por una carretera vertiginosa desde los 2000 metros de las montañas lluviosas de Ella,  al nivel del mar, solo a  una distancia de 80 kilómetros. El chófer se desvía de la carretera principal y nos mete por el parque nacional de  Vela Walaya, vemos elefantes en los bordes del parque, pegando a la valla de la carretera. Atravesamos lagos, arrozales y muchos pueblos animados, hasta pasar Matara, una gran ciudad comercia,l a unos 10 kilómetros de Mirissa a la que llegamos después de 200 kilometros y cuatro horas y media de viaje.

Nuestro alojamiento elegido es la coqueta Spice House, una casa colonial convertida en guest house, regentada por Watsala una mujer cingalesa casada con un inglés, tiene todo lleno de albumes de fotos de la boda y de su viaje a Gran Bretaña, entre ella, su madre y su hermano llevan todo el peso del guest house. Como hemos llegado un día antes y nuestra suite reservada está ocupada nos meten en una habitación de la planta baja, por una noche, mañana ocuparemos nuestra suite de la planta alta con vistas a la selva, por 35 euros la noche con desayuno.

Dejamos las maletas y bajamos a la playa a darnos un baño. El agua es cálida y limpia pero las olas son muy grandes y hay que tener cuidado. Comemos en un típico restaurante playero, ensalada de aguacate y chopitos a la plancha. Pagamos lo de siempre: unos siete euros por cabeza; aquí la cerveza Lion es más barata que en ningún sitio. Después de comer nos tumbamos a echar un sueñecito bajo un cocotero: La playa es idílica pero el entorno es muy asiático, rústicos alojamientos y restaurantes, no hay tiendas, ni bancos, ni sombrillas ni lo que se entiende por vida playera turística.

Por la tarde damos una vuelta para conocer el entorno y cenamos  en una mesa colocada en la arena de la playa, con velas y música; tomamos un pescado elegido en un puesto de pescadores…¡Se me hace la boca agua al verlo… pero menudo chasco cuando me lo traen media hora después! Han convertido un gran pescado fresco en una suela reseca de zapato, que no sabe a nada. Al final de la cena empieza a llover y tenemos que salir corriendo a refugiarnos en el interior del restaurante.

Miércoles 23 de noviembre. “Día de playa”.

Hoy va a ser un día dedicado al relax.

Tomamos el desayuno en el porche colonial, en unas mesas de caoba decoradas con flores de loto. Compartimos el desayuno con una pareja de israelíes que llevan un mes en la isla. A nosotros la abuela nos sirve el típico desayuno europeo y luego empieza a traer platos orientales, currys picantes, noodles, pescado seco, etc…Los israelíes se ponen ciegos, dicen que después de un mes ya les gusta más el desayuno cingalés que el occidental, ¡No nos lo podemos creer!.

Pasamos la mañana tumbados en la playa a la sombra de los cocoteros, pues hace un sol terrible.

Por la tarde damos un paseo hasta el cercano lago de Garandua Ganga, por caminos rurales, apreciando la vida de los campesinos y fotografiando a los niños, todo el mundo nos saluda amablemente, sobretodo los niños. Hay muchos animales, raros pájaros, monos, pavos reales y otros bichos no identificables. A la vuelta subimos la colina del templo a disfrutar de una increíble puesta de sol.

Nuevamente cenamos en la playa, más pescado, calamares fritos y  una ensalada césar.

Jueves, 24 de noviembre. “Galle, la colonial”

Salimos tempranito en un tuktuk de un amigo de Watsala, que por 14 euros,se pone a nuestra disposición hasta la tarde. Nos dirigimos por la carretera costera hacia el norte atravesando los “paraísos” turísticos de Welligama y Unawatuna, ¡Si a estos lugares los consideran paraísos, que dirían de las playa caribeñas!  El litoral es más abierto y las playas no tan bonitas como la de Mirissa, pero el entorno es similar y nada animado.

Antes de visitar Galle Fort o Ciudad Vieja, el chófer nos lleva a cambiar euros a una tienda de unos amigos. Nos dan un cambio mucho mejor que en los bancos sin ningún problema.

Recorremos Galle Fort andando por sus calles de sabor colonial holandés, hay hotelitos, restaurantes y tiendas de recuerdos a precios carísimos. Nos sorprende en Sri Lanka la poca artesanía que se ofrece al turismo, nada que ver con la India, aquí realmente no hay nada que merezca la pena. La ciudad nueva de Galle es la cuarta del país y, como todas, un revoltillo caótico de gente y vehículos, el tórrido calor se hace ya insoportable, así que nos volvemos pronto a Mirissa.

Hoy comemos en el chiringuito mas chic de la playa, banderas de marihuana, fotos de Bob Marley , música a tope, los camareros son chicos locales surferos modernísimos, que amenizan las comidas enseñando sus culos morenos, ya que llevan los pantalones caídos y, a diferencia de los españoles, los chicos de aquí no llevan calzoncillos. A parte de esta inconveniencia, la verdad es que atienden muy bien, rápido, y  la comida está muy buena, sobre todo las sopas, como en todos los sitios de Sri Lanka.

Después de comer empieza a llover torrencialmente durante toda la tarde, así que pasamos las horas en el porche charlando con los demás huéspedes y navegando por internet gracias a la conexión wifi que disfrutamos. Nos animamos a cenar en el mejor resort de Mirissa, el Paradise Club. Es un sitio en plan fino, con manteles, servilletas, camareros de uniforme pero ¡descalzos!. Probamos otra sopa que nos encantó, ternera endiablada y gambas a la plancha parecidas a las españolas. La cuenta sube a 8 euros por persona, un poco más caro que en los demás sitios. Volvemos caminando por la playa, armados con unas linternas y apartando a los cangrejos que corretean por la arena.

Viernes 25 de noviembre. “Último día pasado por agua”.

Llueve a mares toda la noche y la mañana completa, pasamos el rato en la veranda de la casa jugando al futbolín, leyendo y escribiendo, porque nos hemos quedado sin electricidad, debido a la tormenta, no paran ni un momento la ráfaga de lluvia y viento, es un pequeño tifón. El viento causa destrozos en el jardín, nos aconsejan no salir de la casa, dicen que hay grandes inundaciones en Welligama, por donde pasamos ayer, menos mal que nosotros estamos en una colina ¡Ya veremos si podremos ir mañana al aeropuerto!.

La lluvia nos da un respiro a la hora de comer, vamos al resort donde cenamos anoche ,pero está todo inundado y no se puede comer, lo mismo que en los demás restaurantes de la playa, todos destruidos. Tenemos que entrar en un restaurante local situado en la carretera, menú único, ¡biriyani para todos!, es un plato de arroz especiado, con trozos de pollo y salsa de pescado seco muy picante, de postre, plátanos; el local es muy limpio e incluso nos ponen unos cubiertos metidos en un bol con agua hirviendo el resto de los clientes comen con las manos.

Al volver a la guest house subimos a otra colina donde hay otro templo y sacamos bonitas fotos de los niños monjes y del mar embravecido.

Watsala nos tranquiliza con respecto al viaje al aeropuerto, nos asegura que se llega en menos de cuatro horas y que mañana abren una autopista de peaje hasta Colombo. Ya veremos…

Ordenamos con antelación una cena tailandesa, que fueron a comprar a la ciudad de Matara,porque en Mirissa no quedaba comida en ningún restaurante.La tomamos en el porche a la luz de las velas, ya que sigue sin venir la electricidad.

Sábado 26 de noviembre. “Adiós, triste Mirissa”.

Nuestro último día en Sri Lanka amanece lloviendo y sigue toda la mañana igual. Llevamos casi 24 horas in luz y sin agua corriente. Ayer el tifón arrasó la central eléctrica y causó 50 muertos en la comarca, la mayoría pescadores. Fallaron las previsiones meteorológicas y los barquitos salieron al mar como de costumbre. Hoy se esperan olas de 6 metros.La gente se agolpa en la orilla esperando a los cuerpos que devuelve el mar.Es muy penoso,  menos mal que nos vamos, esperamos llegar al aeropuerto sin problemas. La familia de la casa hace lo que puede por nuestro bienestar, incluso para el desayuno el chico se ha subido a un cocotero para ofrecernos agua fresca de coco,  pero las horas se nos hacen largas en el porche, comidos por los mosquitos, sin nada que hacer.

Antes de iniciar el viaje al aeropuerto el hermano de Watsala nos duchó echándonos cubos de agua sacados del pozo de la casa, fue muy cómico. Como muestra de agradecimiento, le regalamos unos frasquitos de perfume de hombre que siempre llevamos en los viajes, pero se los quedó la muy lagarta de su hermana diciendo que le daba igual a ella que fueran de hombre o mujer, y que su hermano no los apreciaría.

El viaje al aeropuerto fue de pesadilla, parecía que no llegábamos nunca. Atravesamos multitud de ciudades y rodeamos la gran ciudad de Colombo. Casi llegamos tarde, nada de las cuatro horas que dijo Wasala, fueron casi siete horas,y la nueva autopista sin inagurar.Llegamos al aeropuerto y lo primero que tuvimos que hacer fue lavarnos la cara de toda la contaminación de Colombo.

Los tramites de salida afortunadamente fueron rápidos y sencillos y nos gastamos nuestras postreras rupias en lo que sería el mejor recuerdo, la última refrescante cerveza Lion.

¡Que gusto embarcar en los maravillosos aviones de la Qatar Airways y volver a la otoñal yfresca Europa!


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